En la vida uno encuentra buenos amigos, Sebastian es uno de ellos; ayer estábamos en un negocio comprando mercancía para los ancianos del geriátrico y la señora del comercio le dijo:
- es su papa?
Sebastian le respondió:
- si, soy hijo del primer matrimonio.
Es que Sebas no solo es un buen amigo, sino que desde que fue echado de la casa paterna, fue recibido en la mía como un hijo más, al punto que mi esposa lava sus camisas y las plancha. Como un madre.
Por supuesto mi esposa no es una jugadora compulsiva, ni consume sicotropicos, por lo que no se la puede acusar de asociación ilícita ni de estar armando una conspiración galáctica que pondrá en jaque el sistema constitucional de la argentina.
Así son los hijos buenos, generosos y dispuestos al bien, me siento orgulloso de saber que me considera su padre y de paso, ya que avanza esta cuestión de los derechos en una de esas hasta le podemos cambiar el apellido, ¿no?