Todos por Chile, con sus vivos y sus muertos, por esa patria generosa y amigable, por tantos y tantos hermanos; por la vida.Redacción
BBC Mundo
Todos por Chile, con sus vivos y sus muertos, por esa patria generosa y amigable, por tantos y tantos hermanos; por la vida.
Redacción
BBC Mundo
Adeptos a la homeopatía impugnaron el informe parlamentario.
Parlamentarios británicos dijeron que el gobierno del Reino Unido debe dejar de brindar fondos públicos para la homeopatía, pues, señalan, carece de base científica.
Un informe del Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes concluye que los medicamentos homeopáticos no funcionan mejor que los placebos. Cualquier efecto que tengan, señaló el comité, se debe a la fe del paciente en tales remedios.
El comité también indicó que no se debería permitir a los productores de medicamentos homeopáticos hacer declaraciones acerca de la efectividad de estos remedios sin que muestren evidencias.
Los parlamentarios cuestionaron las licencias que los reguladores otorgan a tales remedios.
Sin embargo, fabricantes y simpatizantes de la homeopatía impugnaron el informe, diciendo que los parlamentarios habían ignorado evidencia importante.
Se cree que el sistema público de salud en el Reino Unido gasta unos US$6 millones al año en homeopatía, ayudando a financiar cuatro hospitales homeopáticos en Londres, Bristol, Liverpool y Glasgow y numerosas prescripciones.
La homeopatía es un sistema de tratamiento, con más de 200 años de historia, que usa sustancias altamente diluidas -al grado que algunas veces nada queda del producto original- y que se suministran oralmente.
Los amantes de la homeopatía creen que tales remedios ayudan a curar una variedad de dolencias que van desde moretones e hinchazón hasta constipados e insomnio.
Pero los parlamentarios afirman que la homeopatía es básicamente pastillas de azúcar que sólo funcionan gracias a la fe.
"Los políticos afirman que prescribir estos productos conlleva el riesgo de dañar la confianza entre doctores y pacientes", comentó Jane Dreaper, corresponsal de Salud de la BBC.
En medicina se reconoce que algunas personas pueden mejorar su salud porque creen que el tratamiento que toman va a funcionar.
Los parlamentarios dijeron que el sistema de salud no debería financiar tratamientos sobre esta base.
No deberíamos abandonar a los pacientes que no podemos ayudar con medicina científica convencional.
Dr. Michael Dixon, director de la Fundación para la Salud Integral
Argumentan que la efectividad era, muchas veces, impredecible e involucraba un grado de engaño por parte de la institucionalidad médica.
Con todo, el informe reconoció que entre el público británico había apetito por la homeopatía, con encuestas que indican un nivel de satisfacción por encima del 70%.
Robert Wilson, miembro de la Asociación Británica de Fabricantes Homeopáticos, dijo que estaba "decepcionado" por las conclusiones.
"Hay evidencia clara de que la homeopatía funciona, por ejemplo en animales y en bebés, y ninguno de éstos experimenta el efecto placebo", dijo Wilson a Nick Triggle, reportero de salud de la BBC.
El Dr. Michael Dixon, director de la Fundación para la Salud Integral, establecida por el Príncipe Carlos para promover la medicina complementaria, impugnó las conclusiones, diciendo que la homeopatía aún tenía un papel que jugar en el sistema de salud británico.
"No deberíamos abandonar a los pacientes que no podemos ayudar con medicina científica convencional.
"Si la homeopatía está teniendo resultados para esos pacientes, entonces por supuesto que deberíamos seguir usándola".
| 23 de Febrero de 2010 07:24 |



La literatura metafisica subyacente en las exposiciones de Shankara está constituida esencialmente por los Cuatro Vedas, los Brahmanas y sus Upanishads, considerados revelados y eternos fechables (en todo caso para su revisión crítica) antes del 3
tendremos que usar términos técnicos como esencia y substancia, potencia y acto, inspiración y exhalación, similitud ejemplar, eviternidad, forma y accidente. Distinguiremos la metempsicosis de la transmigración, y ambas, de la "reencarnación". Habremos de distinguir el alma del espíritu. Para saber en qué caso, si es que se presenta, es adecuado traducir algún término sánscrito por nuestra palabra "alma" (anima, psyche), debemos saber antes en qué pluralidad de sentidos ha sido empleada en la tradición europea la palabra "alma"; qué clase de almas pueden ser "salvadas"; qué clase de alma nos pide Cristo odiar si nos convertimos en sus discípulos; a qué clase de alma se refiere Eckhart cuando dice que el alma debe "aniquilarse a sí misma". Debemos saber qué entiende Filón por "el alma del alma"; debemos preguntarnos por qué pensamos que los animales carecen del alma cuando la palabra "animal" significa, casi literalmente, "con alma". Debemos distinguir esencia de existencia. Posiblemente tendremos que acuñar un término como "ahorasiempre" (nowever) para expresar el significado completo y original de palabras tales como "repentinamente", "inmediatamente" y "actualmente".
Un europeo difícilmente puede estar preparado para el estudio del Vedanta, a menos que conozca y comprenda cuando menos a Platón, Filón, Hermes, Plotino, los Evangelios (especialmente el de San Juan), Dionisio Areopagita y finalmente Eckhart, quien, con la posible excepción de Dante, puede ser considerado desde el punto de vista hindú como el más grande de todos los europeos.
La realidad última de la metafísica es una Identidad Suprema en la que las oposiciones de todos los contrarios, incluidas las de ser y no-ser, son resueltas; sus "mundos" y "dioses" son niveles de referencia y entidades simbólicas que no son ni lugares ni individuos sino estados del ser realizables en uno mismo.
La "filosofía" metafísica es llamada "perenne" a causa de su eternidad, universalidad e inmutabilidad; es la "sabiduría increada, que es ahora la misma que ha sido y siempre será" de San Agustín; es la religión que, como también éste dice, únicamente vino a ser llamada "cristiana" después de la venida de Cristo. Lo que fue revelado en el comienzo contiene implícitamente la verdad total; y en tanto que la tradición sea transmitida sin desviación, en tanto que, en otras palabras, la cadena de maestros y discípulos no sea rota, ni la incoherencia ni el error son posibles. Por otra parte, la comprensión de la doctrina debe ser perpetuamente renovada, pues no es un asunto de meras palabras. Que la doctrina sea ahistórica no excluye la posibilidad, o aun la necesidad, de una explicación perpetua de su formulación, de una adaptación de los ritos originalmente practicados, y de la aplicación de sus principios a las artes y ciencias. Cuanto más declina la humanidad de su autosuficiencia primera, más necesario es el surgimiento de tales aplicaciones. Es posible una historia de estas explicitaciones y adaptaciones. Así se establece una distinción entre lo que fue "oído" en el comienzo y lo que ha sido "recordado".
Los llamados "seis sistemas de la filosofía hindú" (frase en la que sólo las palabras "seis" e "hindú" están justificadas) no constituyen teorías mutuamente contradictorias o excluyentes. Los así llamados "sistemas" no son más o menos ortodoxos de lo que pueden ser las matemáticas, la química y la botánica que, aunque disciplinas más o menos científicas diferenciadas entre sí, no son otra cosa que ramas de una misma "ciencia".
la metafisica trata, en su mayor parte, con temas que no pueden ser públicamente probados, aunque pueden ser mostrados es decir, hechos inteligibles por analogía y que incluso cuando sean verificables en la experiencia personal sólo pueden ser propuestos en términos de símbolo y mito. Al propio tiempo, la fe se hace relativamente fácil gracias a la infalible lógica de los textos en sí mismos, lo cual representa su belleza y atractivo. Recordemos la definición cristiana de fe: "asentir a una proposición creíble". Uno debe creer a fin de entender, y entender a fin de creer. Estos no son, sin embargo, actos sucesivos de la mente sino actos simultáneos. En otras palabras, no puede haber conocimiento de nada a lo que la voluntad rehúse su consentimiento, o amor por algo que no haya sido conocido.
La metafisica difiere aún más de la filosofia en que su propósito es puramente práctico. No se trata de una búsqueda gratuita de la verdad, al igual que las artes que derivan de la metafísica no son un "arte por el arte", ni la moral que se desprende de ésta se persigue por la moral misma. Hay, ciertamente, una búsqueda, pero el buscador ya conoce, hasta donde pueda expresarse en palabras, aquello que busca; la búsqueda culmina sólo cuando el buscador se ha convertido él mismo en aquello que buscaba. Ni el conocimiento verbal, ni el asentimiento meramente formal, ni la conducta impecable son otra cosa que indispensables preparaciones: medios para un fin.
El Vedanta únicamente puede ser conocido en la medida en que ha sido vivido. El hindú, por lo tanto, no puede confiar en un maestro cuya doctrina no se refleja directamente en su propia persona. Esto es algo bastante alejado del concepto europeo moderno de erudición.
el Vedanta no tiene nada que ver con la magia o el ejercicio de poderes ocultos. Es cierto que la eficacia de los procedimientos mágicos y de los poderes ocultos se dan por supuestos en
El "camino" de los vedantistas es, sobre todas las cosas, una actividad.
No se trata de la transmisión de información sino del desarrollo de un Conocimiento latente.
El "gran dictum" de los Upanishads es "Eso eres tú". "Eso" significa aquí, claro está, el Atman o Espíritu, Espíritu Santo, el pneuma griego, el ruh árabe, el ruah hebreo, el Amon egipcio, el ch´i chino. Atman es esencia espiritual e indivisa, ya sea trascendente o inmanente, y si bien son muchas y variadas las direcciones en las que se puede extender o de las que se puede retirar, es motor inmóvil, tanto en el sentido transitivo como en el intransitivo. Se presta a todas las modalidades del ser, pero en sí mismo nunca deviene alguien o algo. Aquello ante lo cual todo lo demás es un estorbo, "Eso eres tú". "Eso" es, en otras palabras, el Brahman o Dios en el sentido general de Logos o Ser, considerado como la fuente universal de todo ser que se expande, se manifiesta, produce y es origen de todas las cosas, las cuales están "en" él como lo finito en lo infinito, pero no como una "parte" de él, pues lo infinito no tiene partes.
Puesto que Atman es aquel que insufla e ilumina, y es primordialmente "Espíritu" pues el Eros divino es la esencia motora de todas las cosas y por tanto su ser real usaremos esta palabra en sentido reflexivo para significar "yo mismo" [self] y además "uno mismo" [oneself] en todo sentido, aun amplio, en que esta noción puede entenderse, o bien con referencia al "sí mismo" o persona espiritual (que es el único sujeto cognoscente y esencia de todas las cosas y debe ser distinguido del "yo" pasible y contingente que es un compuesto del cuerpo y de todo lo que se entiende por "alma" cuando hablamos de una "psicología"). Dos "yo mismo" [selves] muy diferentes están así involucrados, y ha sido la costumbre de los traductores, de común acuerdo, transcribir Atman como "Sí mismo", [ingl. Self, fr. Soi] escrito con mayuscula o minúscula según el contexto. La misma distinción es hecha, por ejemplo, por San Bernardo entre lo que es mi "propiedad" (proprium) y lo que es mi verdadero ser (esse). Una formulación hindú alternativa distingue "al conocedor del campo" es decir, el Espíritu como único sujeto cognoscente en todas las cosas y el mismo en todas del "campo" o cuerpo y alma según se definieron antes (tomados junto con las percepciones que alimentan los sentidos y abarcando, por lo tanto, todas las cosas que pueden ser consideradas objetivamente). El Atman o Brahman mismo no puede ser considerado así: "¿Cómo puedes conocer al conocedor del conocer?" o, en otras palabras, ¿cómo puede la causa primera de todas las cosas ser una de ellas?
El Atman es indivisible, pero está aparentemente dividido e identificado con la varíedad por las diferentes formas de sus vehículos sea ratón u hombre tal como el espacio dentro de una jarra está aparentemente determinado y diferenciado del espacio exterior. En este sentido puede decirse que "él es uno cuando es en sí mismo, pero muchos cuando es en sus hijos", y que "participándose a sí mismo, llena los mundos". Pero esto únicamente en el sentido en el que la luz llena el espacio permaneciendo en sí misma sin discontinuidad; la distinción entre unas cosas y otras no depende de diferencias en la luz sino de diferencias en la capacidad de reflejarla. Cuando la jarra se estrella, cuando el vaso de la vida es destruido, nos damos cuenta de que lo que estaba aparentemente delimitado no tenía fronteras y que la "vida" era un significado que no debe confundirse con "viviente". Decir que el Atman es, pues, simultáneamente participativo y sin partes, "indiviso entre cosas divididas", sin posición local y al mismo tiempo en todas partes, es otra forma de exponer aquello que nos es más familiar como la doctrina de
Al mismo tiempo, cada una de estas aparentes definiciones del Espíritu representa la actualidad en el tiempo de una de sus indefinidamente numerosas posibilidades de manifestación formal. La existencia de la "aparición" comienza en el nacimiento y termina en la muerte; nunca puede ser repetida. Nada de Shankara sobrevive salvo un legado. Por consiguiente, aunque podemos hablar de él como de una fuerza viva en el mundo, el hombre ha pasado a ser un recuerdo. Por otra parte, para el Espíritu gnóstico el Conocedor del campo, el Conocedor de todos los nacimientos no puede, en ningún momento, dejar de haber un conocimiento inmediato de cada una y todas sus modalidades, un conocimiento sin antes o después (determinado por la aparición o desaparición de Shankara en el campo de nuestra experiencia). Se sigue que donde conocimiento y ser, naturaleza y esencia, son uno y lo mismo, el ser de Shankara no tiene principio y no puede tener fin. Dicho de otro modo, hay un sentido en el que podemos hablar propiamente de "mi espíritu" y "mi persona" así como de "Espíritu" y "
La validez de nuestra conciencia de ser, aparte de cualquier cuestión de ser esto o aquello por nombre o por caracteres registrables es, pues, dada por hecho. Esto no debe confundirse con el argumento cogito ergo sum. Pues que "yo" sienta o que "yo" piense no es prueba de que "yo" sea; ya que podemos decir con los vedantistas y budistas que esto es meramente presunción, que los "sentimientos son sentidos" y los "pensamientos son pensados" y que todo esto es solamente parte del "campo" del cual el espíritu es el agrimensor justo como cuando miramos una pintura que en un sentido es parte de nosotros, aunque nosotros no somos en modo alguno parte de ella. La pregunta es, por lo tanto. "¿Quién eres tú?" "¿Cuál es el yo al que debemos recurrir?" Reconocemos que "yo" puede tener más de un significado cuando hablamos de un "conflicto interno"; cuando decimos que "el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil"; o cuando decimos con el Bhagavad Gita que "El Espíritu está en guerra con cualquier cosa que sea no Espíritu".
¿Soy "yo" el espíritu o la carne? (debemos recordar siempre que en metafisica la "carne" incluye todas las facultades perceptivas y recognoscibles del "alma"). Si se nos pide observar nuestro reflejo en un espejo, quizá pensemos que en él nos vemos a "nosotros mismos"; Si somos algo menos ingenuos, se nos pedirá considerar la imagen de la psique como está reflejada en el espejo de la mente, y tal vez pensemos que esto es "lo que somos"; pero si somos aún más juiciosos, podremos comprender que no somos nada de estas cosas que ellas existen a causa de que nosotros somos, y no que nosotros existimos por su causa. El Vedanta afirma que "yo" en mi esencia soy tan poco afectado por estas cosas como lo puede ser un dramaturgo por la observación de lo que es sufrido o gozado por aquellos que se mueven en el escenario el escenario, en este caso, de la "vida" (en otras palabras, el "campo" o "pastura" en tanto que es distinto de su aquilino observador, el Hombre Universal).
Pensemos que el "campo" es el ruedo o circo del mundo, que el trono del Espectador, el Hombre Universal, está elevado en el centro, y que su mirada comprende en todo momento la totalidad del campo (símultáneamente antes y después de la aparición de cualquier suceso particular) de tal manera que desde su punto de vista todos los sucesos estan siempre ocurriendo. Hemos de transferir nuestra conciencia de ser, de nuestra posición en el campo donde los juegos están ocurriendo, al pabellón en el que el Espectador de quien depende la representación total está cómodamente sentado.
Pensemos que los rayos visuales rectos por los cuales el Espectador está unido a cada ejecutante separado y gracias a los cuales cada ejecutante podría mirar hacia arriba (hacia adentro) al Espectador si sus poderes visuales bastaran, son líneas de fuerza, o hilos mediante los cuales el titiritero mueve los títeres para sí mismo (que es la audiencia total). Cada uno de los actores títeres está convencido de su propia existencia independiente y de ser uno entre otros, a quienes ve en su ambiente inmediato y que distingue por nombres, conducta y apariencia. El Espectador no ve, y no puede ver, a los actores como ellos se ven a sí mismos de manera imperfecta , pero conoce el ser de cada uno de ellos como realmente es es decir, no como está ahora en una posición local dada, sino simultáneamente en cada punto a lo largo de la línea de fuerza visual por la que el títere está conectado con él, y primordialmente desde ese punto en el que todas las líneas convergen y donde el ser de todas las cosas coincide con el ser en sí mismo. Ahí el ser de los títeres subsiste como un concepto eterno en el intelecto eterno, llamado también Sol Celestial,
Supongamos ahora que el Espectador duerme: cuando cierra sus ojos el universo desaparece, para reaparecer sólo cuando los vuelva a abrir. El abrir de ojos ("Sea la luz") es llamado en religión el acto de la creación, pero en metafísica es llamado manifestación, emisión, exhalación (brillar, emitir y soplar son uno y lo mismo in divinis); el cerrar de los ojos es llamado en religión el "fin del mundo", pero en metafisica es llamado ocultamiento, silencio o inspiración. Para nosotros, entonces, hay una alternancia, o una evolución y una involución. Sin embargo, para el Espectador central no hay una sucesión de eventos. Él está siempre despierto y siempre dormido; a diferencia del marinero que algunas veces se sienta y piensa y otras no piensa, nuestro Espectador se sienta y piensa y no piensa ahora siempre [nowever].
Hemos trazado una imagen del cosmos y su "Ojo" que todo lo abarca. Únicamente hemos omitido decir que el campo está dividido por vallas concéntricas que podemos considerar convenientemente, aunque no necesariamente, como de veintiuno en número. El Espectador está así en el vigesimoprimer grado a partir de la cerca más exterior, por la cual nuestro medio ambiente presente es delimitado. La actuación de cada actor o comparsa está confinada a las posibilidades representadas por el espacio entre dos vallas. Ahí nace y ahí muere. Consideremos este ser nacido "éste o aquel" tal como es en sí mismo y como él cree ser "un animal racional y mortal, que conozco y me confieso ser" como lo expresó Boecio. "Éste o aquel no concibe que pueda moverse de aquí para allá en el tiempo como lo desee, pero sabe que se está haciendo más viejo cada día, le guste o no. Por otra parte, concibe que en algunos otros aspectos puede hacer lo que quiera hasta donde no lo impida su medio ambiente por ejemplo, por un muro de piedra, un policía o las costumbres establecidas. No percibe que este medio ambiente del cual forma parte, y del cual no puede exceptuarse a sí mismo, es un medio ambiente causalmente determinado; que lo que es hecho es hecho a causa de lo que ha sido hecho. No se da cuenta de que él es lo que es y hace lo que hace porque otros antes que él han sido como fueron y han hecho lo que hicieron, y todo esto sin ningún comienzo concebible. Él es, casi literalmente, una criatura circunstancial, un autómata, cuya conducta pudo haber sido completamente prevista y explicada merced a un conocimiento adecuado de las causas pasadas, representado por la naturaleza de las cosas incluida su propia naturaleza. Ésta es la bien conocida doctrina del karma, doctrina de la fatalidad inherente, que es establecida como sigue por el Bhagavad Gita XVIII, 60: "Encadenado por la acción (karma) de una naturaleza nacida contigo y sólo tuya, aun aquello que no deseas hacer lo harás, quieras o no". Éste o aquel no es otra cosa que un eslabón de una cadena causal de la que no podemos imaginar un comienzo o un fin. No hay nada aquí con lo que el determinista mas extremo pudiera estar en desacuerdo. El metafísico quien no es, como el determinista, un "no hay más que esto" [nothingmorist] (nastika) simplemente señala en este punto que únicamente la acción de la vida, la manera de su perpetuación, puede ser causalmente explicada; que la existencia de una cadena de causas presupone la posibilidad lógicamente precedente de esta existencia en otras palabras, presupone una primera causa que no puede ser pensada como una entre otras causas mediatas, ya sea en el espacio o en el tiempo.
Para regresar a nuestro autómata, consideremos qué ocurre a su muerte. El ser compuesto se disuelve en el cosmos; no hay nada que pueda sobrevivir como una conciencia de ser "esto o aquello". Los elementos de la entidad psicofísica son separados y repartidos a otros como un legado. Esto es, de hecho, un proceso que ha venido ocurriendo durante la vida de éste o aquel, y que puede ser más claramente seguido en la paternidad, repetidamente descrita en la tradición hindú como el "renacimiento del padre en y como el hijo". Éste o aquel vive en sus descendientes directos o indirectos. Ésta es la así llamada doctrina de la "reencarnación"; es la misma que las doctrinas griegas de metasomatosis y metempsicosis; es la doctrina cristiana de nuestra preexistencia en Adán "de acuerdo con la substancia corporal y la virtud seminal"; y es la doctrina moderna de la "recurrencia de los caracteres ancestrales". Únicamente el hecho de tal transmisión de caracteres psicofisicos puede hacer inteligible lo que en religión es llamado herencia del pecado original, en metafísica herencia de ignorancia, y por el filósofo capacidad innata de conocer en términos de sujeto y objeto. La idea de una Providencia se hace inteligible únicamente cuando estamos convencidos de que nada sucede por azar.
¿Necesitamos decir que ésta no es una doctrina de la reencarnación? ¿Necesitamos decir que ninguna doctrina de la reencarnación según la cual el verdadero ser y persona de un hombre que haya vivido alguna vez sobre la tierra, ahora muerto, renacerá de otra madre terrestre ha sido alguna vez enseñada en
Por "reencarnación" entendemos un supuesto renacimiento en este mundo del verdadero ser y persona del difunto. Afirmamos que esto es una imposibilidad, por buenas y suficientes razones metafísicas. La consideración principal es ésta: en tanto que el cosmos comprende un rango indefinido de posibilidades, todas las cuales deben ser realizadas en una duración igualmente indefinida, el universo presente habrá completado su curso cuando todas sus potencialidades hayan sido reducidas a acto justo como cada vida humana completa su curso cuando todas sus posibilidades han sido agotadas. El fin de una eviternidad habrá sido alcanzado sin lugar para repetición alguna de sucesos o recurrencia alguna de condiciones pasadas. La sucesión temporal implica una sucesión de cosas diferentes. La historía se repite a sí misma en tipos, pero no puede repetirse en algún hecho singular. Podemos hablar de una "migración" de "genes" y llamarle un renacimiento de tipos, pero esta reencarnación de caracteres de éste o aquel debe ser distinguida de la "transmigración" de una persona verdadera.
Tales son la vida y la muerte de un animal racional y mortal. Pero cuando Boecio confiesa que él es justo este animal,
Se sigue de lo anterior que la muerte de éste o aquel involucra dos posibilidades, que son aproximadamente las implicadas en las expresiones familiares "salvado" o "condenado". O bien la conciencia de ser de éste o aquel se ha centrado en el yo contingente y debe perecer con él, o bien se ha centrado en el espíritu y parte con él. Es el espíritu, como lo expresan los textos vedantinos, quien "permanece aparte" cuando el cuerpo y el alma son deshechos. Comenzamos a ver ahora lo que se pretende con el gran precepto "conócete a ti mismo". Suponiendo que nuestra conciencia de ser se ha centrado en el espíritu podemos decir, cuanto más completamente hayamos "llegado a ser lo que somos" o hayamos "despertado" antes de la disolución del cuerpo, nuestra próxima aparición o "renacimiento" será más cercano al centro del campo. En la muerte nuestra conciencia de ser no va a ningún sitio sino a aquel en donde ya se encuentra.
Posteriormente consideraremos el caso de aquel cuya conciencia de ser ha despertado más allá de la última de nuestras veintiún vallas o niveles de referencia y para quien solamente queda un vigesimosegundo pasaje. Por el momento consideremos solamente el primer paso. Si hemos dado este paso antes de morir si en algún grado hemos vivido "en el espíritu" y no meramente como animales racionales habremos cruzado, cuando el cuerpo y el alma sean disueltos en el cosmos, más allá de la primera de las vallas o circunferencias que se encuentran entre nosotros y el Espectador Central de todas las cosas, el Sol Celestial, el Espíritu y
De esta manera, por una sucesión de muertes y renacimientos, todas las vallas pueden ser superadas. El sendero a seguir será aquel del rayo espiritual o radio que nos une con el Sol Central. Éste es el único puente que se tiende sobre el río de la vida que separa esta orilla de la otra. La palabra "puente" es empleada deliberadamente, porque éste es el "camino más estrecho que el filo de una navaja", el puente Cinvat del Avesta, el "puente de espanto" familiar a los folkloristas y que nadie sino un héroe solar puede cruzar; es un largo puente de luz consubstancial a su fuente. El Veda lo expresa diciendo "Él mismo es el puente" descripción que corresponde a la cristiana "Yo soy el Camino". Ya se habrá advertido que el paso de este puente constituye, por estados que son definidos por sus puntos de intersección con nuestras veintiún circunferencias, lo que propiamente es llamado una transmigración o regeneración progresiva. Cada paso de este camino ha sido marcado por la muerte de un "yo" anterior y un consecuente e inmediato "renacimiento" como "otro hombre". Debemos interpolar aquí que esta exposición ha sido inevitablemente sobresimplificada. Se han distinguido dos direcciones de movimiento uno circunferencial y determinado, el otro centrípeto y libre pero no hemos dejado claro que su resultado solamente puede ser indicado correctamente por una espiral.
Ha llegado el momento de romper con el materialismo espacial y temporal de nuestra imagen del cosmos y del peregrinar del hombre desde la circunferencia hasta su centro y corazón. Todos los estados del ser todos los éste o aquel de los que hemos pensado que vienen al ser en niveles de referencia sobreimpuestos están dentro de nosotros mismos, esperando reconocimiento: todas las muertes y renacimientos involucrados son sobrenaturales, es decir, no "contra Natura", sino extrínsecos a las posibilidades particulares de un estado dado del ser desde el que consideramos que la transmigración está teniendo lugar. Asimismo, ningún elemento temporal está involucrado. Más bien, puesto que las vicisitudes temporales no juegan ningún papel en la vida del espíritu, el viaje puede realizarse en parte o en su totalidad ya sea antes del suceso de la muerte natural, en la muerte, o posteriormente. El pabellón del Espectador es el Reino de los Cielos que está dentro de ti, es decir, en el "corazón" (en todas las tradiciones orientales y antiguas se considera que el corazón no sólo es la sede de la voluntad sino también del intelecto puro, el lugar donde el matrimomo del Cielo y
Podemos ahora, quizás, entender mejor todo lo que está implicado en las intensas palabras del réquiem védico, "el Sol reciba tu ojo, el Viento tu espíritu", y podemos reconocer su equivalente en "en tus manos encomiendo mi espíritu", o en "el ojo con el cual veo a Dios, es el mismo ojo con el que Dios ve en mí: mi ojo y el ojo de Dios, que es un ojo y una visión y un conocimiento y un amor" de Eckhart, o el "seremos un solo espíritu" de San Pablo. Los textos tradicionales son enfáticos. Encontramos, por ejemplo, en los Upanishads la proposición de que quien rinde culto pensando la deidad como algo distinto de él mismo, es poco más que un animal. Esta actitud se refleja en el proverbial dicho "para adorar a Dios debes ser Dios" que es también el significado de las palabras "en espírítu y en verdad es necesario que adoren". Regresamos a la gran sentencia "Eso eres tú" y tendremos ahora una mejor idea, aunque lejos de la comprensión perfecta (porque el último paso está por darse), de lo que "Eso" puede ser. Podemos ver ahora cómo las doctrinas tradicionales (distinguiendo lo externo de lo interno, al hombre mundano del ultramundo, al autómata del espíritu inmortal), aunque admiten e incluso insisten en el hecho de que éste o aquel no es sino un eslabón en una cadena causal interminable, pueden sin embargo afirmar que las cadenas pueden romperse y la muerte ser vencida sin importar el tiempo: que esto puede suceder, por consiguiente, aquí y ahora así como en el momento de la partida o después de la muerte.
Sin embargo, no hemos alcanzado aún lo que desde el punto de vista de la metafísica es definido como el fin último del hombre. Al hablar del fin del camino, lo más lejos que llegamos fue a pensar en haber cruzado todas las veintiún vallas y en una visión final del Sol Celestial,
Enunciemos primero la doctrina cristiana a fin de entender mejor la hindú. Las palabras de Cristo son éstas: "Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos". No es suficiente haber alcanzado la puerta; debemos ser admitidos. Pero hay un precio de admisión. "El que procure salvar su alma, la perderá". De los dos "yo" del hombre, o los dos Atman de nuestros textos hindúes, el yo que fue conocido por un nombre como éste o aquel debe hallarse dispuesto a morir a sí mismo para que el otro sea liberado de todas las cargas, para que sea "libre como
En los textos vedantinos el Sol del hombre y
En el mismo sentido Eckhart dice basando sus palabras en el logion "Si alguien viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, . . y aun también su propia alma, no puede ser mi discípulo" que "mientras conozcas quiénes han sido tu padre y tu madre en el tiempo, no has muerto de la verdadera muerte"; en el mismo sentido, Rumi, par de Eckhart en el Islam, atribuye al Guardián de
El último problema, y el más dificil, surge cuando preguntamos: ¿cuál es el estado del ser que ha sido así liberado de sí mismo y ha regresado a su fuente? Es más que obvio que una explicación psicológica está fuera de lugar. Es, de hecho, justo en este punto que podemos responder mejor con nuestros textos, "Quien está más seguro de entender, más seguramente malentiende". Lo que puede decirse del Brahman que "Él es, y sólo por eso Él puede ser aprehendido" puede decirse también de cualquiera que se haya convertido en Brahman. No podemos decir qué es esto, porque esto no es ningún "qué". Un ser "liberado en esta vida" ("el hombre muerto que camina" de Rumi) está "en el mundo, pero no es parte de él".
Podemos, no obstante, abordar el problema mediante una consideración de los términos en que se habla de los Perfectos. Ellos son llamados Rayos del Sol, Soplos del Espírítu, Móviles a Voluntad. Se dice también que son perfectos para encarnarse en los mundos manifestados: es decir, perfectos para participar en la vida del Espírítu, sea que se mueva o permanezca en descanso. El Perfecto es un Espíritu que sopla donde quiere. Todas estas expresiones corresponden a las palabras de Cristo "entrará, y saldrá, y hallará pastos". Podemos compararlo con el peón en un juego de ajedrez. Cuando el peón ha cruzado de un extremo a otro del tablero, es transformado. Es ascendido a reina y se le llama móvil a voluntad desde el lugar donde su transformación fue efectuada. Y esta libertad de movimiento a voluntad es otro aspecto del estado del Perfecto, algo que está más allá de la comprensión de quienes todavía son meros peones. Debe observarse también que el otrora peón, siempre en peligro de muerte inevitable en su viaje a través del tablero, después de su transformación es libre de sacríficarse a sí mismo o de escapar al peligro. En términos estríctamente hindúes, su movimiento anterior fue un atravesar, su movimiento regenerado un descendimiento.
La cuestión de la "aniquilación", tan solemnemente discutida por eruditos occidentales, no se presenta. La palabra carece de significado en metafísica, que únicamente conoce de la no dualidad de permutaciones e identidad, multiplicidad y unidad. Lo que haya sido la razón eterna o idea o nombre de una manifestación individual no puede dejar de serlo nunca; el contenido de la eternidad no puede ser cambiado. Por consiguiente, como lo expresa el Bhagavad Gita, "Nunca dejé yo de ser, y nunca dejaste tú de ser".
La relación, en identidad, de el "Eso" y el "tú" en el logion "Eso eres tú" es establecido en el Vedanta por designaciones tales como "Rayo del Sol" (implicando filiación), o en la fórmula bhedabheda (cuyo significado literal es "distinción sin diferencia"). La relación es expresada por el símil de los amantes, tan estrechamente abrazados que no hay ninguna conciencia de "un dentro o un fuera", y por la ecuación vaisnava correspondiente, "cada uno es ambos". Esto puede ser visto también en la concepción de Platón sobre la unificación del hombre interno y el hombre externo; en la doctrina cristiana de la participación en el cuerpo místico de Cristo; en el "Quien esté unido en el Señor es un solo espíritu" de San Pablo; y en la admirable fórmula "fundido pero no confundido" de Eckhart.
Nos hemos esforzado por hacer claro que la así llamada "filosofía" de Shankara no es una "indagación" sino una "explicitación"; que
Si te molesta Chanchobarro lamento decirte que esto ya tiene casi cien años de haber sido escrito, es una novedad para ti?