
Por Sebastian Sorlino
Einsetein dijo una vez que solo existían dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana; y agregó que de el universo no estaba seguro. Hace un par de días apareció Victor Martinez, víctima y único testigo del supuesto accidente que dio muerte al obispo nicoleño Carlos Ponce de León. Esta fue la segunda provación ilegítima de la libertad que sufre Victor ya que en el ´77, luego de ver a su tutor ser asesinado, fue detenido desaparecido por un año – con todos los vejámenes que eso conlleva -. Una vez más podemos ver con horror que si bien la democracia retornó en el ´83, algunos de los aparatos anti-democráticos del periodo más oscuro de nuestra historia nacional siguen aún hoy en perfecto funcionamiento. Pero esto también nos permitió participar en un concurso de “a ver quien tiene la teoría conspirativa más intrincada” en un claro alarde de una de las dos cosas que son infinitas para Albert Einstein.
No se bien cual es la causa, pero los hombres estamos siempre preparados para creer que siempre hay una conspiración detrás de cada relato. Hay un área 51 con extraterrestres, Paul McCartney murió y fue reemplazado por un doble, Elvis está vivo y muchos niños morían por usar sábanas con dibujos de los Pitufos porque era un arma secreta del gobierno. Nunca nada es como es. Todo es más macabro. No creo que el mundo sea transparente, cierto, pero creo que a veces es inteligente aplicar el principio filosófico de la Navaja de Ockham, según el cual cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja. Siguiendo este concepto, repacemos algunas de las teorías que han circulado en estos días y analicemos.
Una de las teorías dice que el Gobierno fue quien secuestró a Victor porque, ya que nunca encontró a Julio López, necesitaba una “victoria” en el terreno de recuperación de testigos de casos de la dictadura raptados por el entrono de aquellos contra quienes había atestiguado. Entonces organizó el propio estado la desaparición de Victor, lo drogó, lo mantuvo cautivo, organizó la búsqueda y se anotó un poroto. Me pregunto: ¿Cuanta gente debe participar de una conspiación de este tamaño? ¿No es un riesgo terrible para el gobierno, en un año de elecciones, arriesgarse a que alguno de la larga línea de personas que debería haber involucrado hablase y les arruinase las elecciones? ¿Es realmente tan estúpido un estado en raptar a alguien para protestar contra los raptos? Si el estado fuese tan estúpido, ¿Porque no han hecho un circo de la recuperación de Victor, quien en realidad tuvo más aire en medios opositores que en medios oficialistas? De haber el Gobierno realizado una jugada tan grande, ¿No debería haber hecho una recuperación del testigo un tanto más espectacular que dejar que el testigo aparezca solo y drogado en Acoyte y Rivadavia?
Otra teoría sería la que Victor se fue solo, se alquiló un remis, se alquiló un cuarto y volvió a los 3 días con el objetivo de quien sabe que. La pregunta es simple, ¿Para que se arriesgaría a que alguien lo haya visto, o que el que le alquilaba el cuarto o el remis que lo llevó, o quien fuera? ¿Que gana con esto? ¿No sería muy facil descubrir para un estado la organización de un autosecuestro de un tipo común y silvestre, sin medios ni conocimiento de ese tipo de cosas? ¿No saltaría enseguida algo del armado, llamados telefónicos, pago a quienes colaboraron, parición de él en alguna cámara de seguridad de la ciudad o lo que sea? ¿Que gana? ¿Notoriedad? ¿Para que la querría alguien que se mantuvo en el anonimato toda su vida siendo que como muchos otros la tomaron para conseguir dinero y hasta puestos en el estado ¿Que el juez se asuste? Realmente un juez, con todo el poder que detenta por su embestidura –más el que Villafuerte Ruzo detenta por sus espurios amigos - ¿podría sentirse amedrentado por un ciudadano?