“No hay motivos para pensar que todos los jueces son buenos, que sienten la ensordecedora voz de la justicia escarnecida y viven su judicatura con efusivo rigor. No es así. Muchos jueces han llegado a la magistratura de la misma manera que cayo el gobierno de Napoleón el pequeño: por casualidad” (Herrendorf Daniel, “El poder de los jueces. Cómo piensan los jueces que piensan”, 2º ed. Bs. As., Abeledo Perrot, 1994, p. 33, citado por Kemelmajer de Carlucci, Aída, Ética de los jueces. Análisis pragmático, Biblioteca Revolución, Corte Suprema de Justicia de México, México 2006, p. 16).-