si las arenas del desierto y sus grietas en las piedras
dijeran de mis palabras calladas,
ciertamente te sorprenderías.
La tempestad de la arena que se disuelve,
acalla las palabras y arriba un buen Dios
es testigo.
No hay zarza ardiente ni presencia sagrada,
solo un hombre distraído
que inventa primaveras
y pronuncia tu nombre.