domingo, 7 de febrero de 2010

Para la dulce mariposa chilena

Y este articulo lo trascribo para la dulce mariposa chilena, esa niña de ojos bien bonitos y que Chanchobarro le dice al juez, pues " fíjese mi amigo este indecoroso, le escribe mi dulce mariposa me temo que cometerá adulterio, porque entre líneas se puede leer que le está proponiendo matrimonio y esas sectas extrañas inventadas como religión nueva, yo que usted señor juez, bien que lo proceso y lo llevo al grandote bien pedote como testigo total una vez que habló no importa si luego lo procesan por falsear las cosas y pensándolo bien tampoco me importa si a usted mismito lo imputan por el articulo 144 ter inciso 3 y el articulo 2 ultimo párrafo de la Convención Interamericana contra la Tortura.



TIEMPO Y ETERNIDAD, por A. K. Coomaraswamy

Archivado como: -CATECISMO FILOSÓFICO — October 15, 2009 @ 9:31 pm

“El Inmortal, el Espíritu de la Vida, está oculto, lo mismo que el Sol -la Verdad- es ocultado por sus rayos, a los que se les pide que se aparten para que su “más bella forma” pueda ser vista. Del mismo modo, las potencias del alma son “verdaderas” o “reales”, pero la “Verdad que es el Sí es la Realidad de su realidad, o la Verdad de su verdad”; es esta Realidad, este Sí, lo que tú eres. En este sentido absoluto, también, Verdad o Realidad, es sinónimo de Drama, Justicia (Ley Eterna), uno de los nombres de Aquel “que es el único en ser hoy y mañana”: y sólo el que conoce esta Verdad última puede ser llamado maestro de enseñanza, y nuestro intelecto jamás puede estar satisfecho si esta Verdad, fuera de la cual no hay verdad, no lo ilumina.”

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La doctrina metafísica opone simplemente el tiempo, como continuidad, a la eternidad, que está fuera del tiempo y que, por tanto, no debe ser confundida con la perpetuidad: aquélla coincide con el presente real, o el instante, del que no se puede tener experiencia en el tiempo.

LA CONFUSIÓN ESTÁ EN NUESTRA CONCIENCIA

Aquí la confusión sólo aparece en una conciencia que reflexione en función del tiempo y del espacio; para ella, un “instante” sucede a otro “instante”, sin interrupción, y le parece que hay una serie indefinida de instantes, colectivamente totalizados en el “tiempo”. Esta confusión puede desaparecer si advertimos que ninguno de estos instantes tiene duración; en cuanto a su medida, todos ellos son ceros, cuya suma es inconcebible. Es una cuestión de relatividad; somos “nosotros” los que estamos en movimiento, mientras que “el instante” es inmutable, y sólo aparenta desplazarse -lo mismo que el sol parece salir y ponerse porque la tierra gira.

La conciencia viva del tiempo y mortecina de la eternidad, nos divide.

El problema que se plantea es el del lugar de la “realidad o ser”: esta realidad o este ser, ¿pueden ser atribuidos a una “cosa” existente en el flujo del tiempo -y que, por consiguiente, no es nunca semejante a sí misma-, o solamente a entidades, o a una entidad totalizadora, situadas fuera del tiempo y, por consiguiente, siempre idénticas?

El Inmortal, el Espíritu de la Vida, está oculto, lo mismo que el Sol -la Verdad- es ocultado por sus rayos, a los que se les pide que se aparten para que su “más bella forma” pueda ser vista. Del mismo modo, las potencias del alma son “verdaderas” o “reales”, pero la “Verdad que es el Sí es la Realidad de su realidad, o la Verdad de su verdad”; es “esta Realidad, este Sí, lo que tú eres”.

En este sentido absoluto, también, Verdad o Realidad, es sinónimo de Drama, Justicia (Ley Eterna), uno de los nombres de Aquel “que es el único en ser hoy y mañana”: y sólo el que conoce esta Verdad última puede ser llamado maestro de enseñanza, y “nuestro intelecto jamás puede estar satisfecho si esta Verdad, fuera de la cual no hay verdad, no lo ilumina”(Dante, Paraíso, IV: 124-125).

OPINIÓN Y VERDAD

La distinción védica y budista entre el conocimiento empírico, válido para fines prácticos, y que es aleatorio, y la verdad de los principios primeros, que es intelectualmente evidente y cierta, es comparable a la que existe entre la “opinión” y la “verdad” en la filosofía griega -la opinión se refiere a “lo que comienza y perece”, y la verdad a “lo que siempre es y no deviene”.

Esta distinción, que sobrevive en las dos formas de intuición de Leibniz, una de las cuales da “la verdad del hecho” y la otra “la verdad de la razón”, confirma aparentemente lo que dice Demócrito acerca de las “dos formas de conocimiento, respectivamente bastarda y legítima, la primera obtenida por los sentidos y la segunda inteligible, siendo la razón el criterio”. El “pragmatismo” moderno, por supuesto, no se ocupa más que de la “bastarda” verdad de los hechos, según la cual, por ejemplo, esperamos (aunque no sepamos) que mañana saldrá el sol, y actuamos en consecuencia. De ahí, también, la concepción moderna del arte como mera experiencia “estética”.

El mundo es una manifestación (sombra) de la Naturaleza (realidad).

Entonces El que conoce es liberado “de” la verdad relativa del nombre y de la forma. Si bien esta verdad puede ser aceptable para fines contingentes, comparada con la “Verdad de la verdad”, o sea, la Verdad absoluta, es una falsedad o una irrealidad, y esta falsedad es la que oscurece nuestros “verdaderos Deseos”.

Dicho de otro modo, las “cosas” temporales son al mismo tiempo reales e irreales. Contrariamente a lo que se ha afirmado tan a menudo, el Vêdânta no niega su existencia, “pues la especificidad de este mundo, demostrada por todos los criterios, no puede ser negada” (Brama Sûtra Bhâshya, II, 2, 31) y la “no-existencia” de los objetos exteriores es refutada por el hecho de que nosotros los percibimos.

EL MUNDO ES DE LA MISMA NATURALEZA QUE EL ARTE

Lo importante es que el Vêdânta está en perfecto acuerdo con la doctrina platónica, según la cual las cosas son “falsas” en el sentido en que una copia, si bien existe, no es “la cosa real” de la que es una copia, y con la doctrina cristiana tal como la formula San Agustín: “Contemplé esas cosas que están debajo de Ti, y vi que ni son ni no son. Tienen una existencia (ser) porque vienen de Ti, y sin embargo no tienen existencia porque no son lo que Tú eres. Pues solo “es” esta realidad que permanece inmutable; el Cielo y la Tierra son bellos y buenos, y son, puesto que Dios los creó”, pero“comparados a Ti no son ni bellos ni buenos, ni son” (Confesiones, VII, 11 y XI, 4).

La doctrina del Vêdânta según la cual el mundo es “de la naturaleza del arte” no es una doctrina de la “ilusión”, distingue simplemente la realidad relativa de la obra de la realidad más grande del Artesano, en la que subsiste el paradigma.

El mundo es una epifanía o manifestación; y no es culpa suya, sino nuestra, si tomamos erróneamente a “las cosas que fueron hechas” por la realidad según la que fueron hechas, es decir, el fenómeno por su modelo. Es más, la ilusión no puede, propiamente, atribuirse a un objeto, no puede provenir más que de quien lo percibe; la sombra es una sombra, hagamos lo que hagamos con ella.

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A. K. COOMARASWAMY, El tiempo y la eternidad, Taurus, 1980. [FD, 05/10/2006]