domingo, 7 de febrero de 2010

Bien complicado, pò!

Chuta, Chanchobarro, que estoy bien complicado con esto que estoy leyendo, es capaz que vos, con todo el conocimiento que tenéis sobre sectas y esas cuestiones, me podéis dar una ayuda, asì se corre el velo que des-vela tanta ignorancia a mi mente y en una de esas hasta el mismo juez aprende algo, ¿cachai?

"Debe observarse que aunque en la teología hablamos de la Primera, la Segunda y la Tercera Personas, puesto que las Personas se relacionan por relación opuesta, el orden numérico de las Personas es puramente convencional, no un orden cronológico o real de venida al ser: pues las Personas son co-nascentes, es un ordenamiento , no un proceso. Por ejemplo, El Hijo crea al Padre tanto como el Padre al Hijo, pues no puede haber ninguna paternidad sin una filiación, y viceversa, y eso es lo que se entiende por «relación opuesta». Similarmente, no puede haber una Persona sin una Naturaleza, y viceversa. Por eso es por lo que en la «mitología» metafísica nos encontramos con «inversiones».

De este «parentesco» depende el carácter «incestuoso» de tantos mitos de la creación. Debe observarse que el término «mito» implica propiamente la representación simbólica (ya sea verbal, iconográfica o dramática) de la operación del poder o la energía: en este sentido, los protones y los electrones son seres «míticos». Un mito, tal como el mito del Grial, o como el Nacimiento de Brahma, no es un «cuento de hadas» ni un «misterio» en el sentido moderno de las palabras, sino simplemente una representación. El que considera el mito o el icono como una declaración de hecho, y el que los considera como una fantasía, están igualmente equivocados: el mito es a la historia como lo universal es a lo particular, como la razón de ser es al ser; el icono es a la especie como el ejemplar al ejemplo. El simbolismo y la imaginería (pratika, pratibimba, etc.), a saber, la forma de arte más pura, es el lenguaje propio de la metafísica: «el símbolo presupone siempre que la expresión elegida es la mejor descripción posible, o la mejor fórmula posible, de un hecho relativamente desconocido… el cual no se postula menos, o no se conoce menos, como un hecho existente» (C. G. Jung). El simbolismo tradicional, más que cualquier otro, es un lenguaje universal; la mayor parte de su idioma, es la propiedad y la herencia común de casi todos los pueblos, y puede seguírsele el rastro al menos hasta el milenio V o VI a. C. (cf. Winckler, Die babylonische Geisteskultur, 1907, A. Jeremias, Handbuch des al-torientalischen geisteskultur, 1929, y Langdon, Semitic mythology, 1931),