Un entramado de chismes, sexo, mentiras, acusaciones y poder sacude por estas horas la atención de los italianos, que miran azorados cómo se desarrolla la reciente pelea entre su primer ministro, Silvio Berlusconi, y el Vaticano.
Los obispos de la Santa Sede y el histriónico “cavalieri” mantienen una disputa por las apetencias sexuales de unos y otro que llevó al propio Papa Benedicto XVI a interceder en el asunto para pedir calma, según publicó Clarín en su edición impresa de hoy.
Es que el diario Il Giornale, propiedad de Berlusconi, reflotó días atrás la sentencia judicial que pesó sobre el director del católico periódico Avvenire, Dino Boffo, en 2004 por hostigamiento telefónico a una mujer.
Pero no es lo que se cree, y en ello recalcó el director del diario oficialista, Vittorio Feltri. Es que sus producciones periodísticas subrayaron que las llamadas de Boffo tenían por objetivo amedrentar a la esposa de su amante.
Las llamadas para solicitarle a la mujer que no se interpusiera en la relación homosexual que él mantenía con su marido le costaron a Boffo una condena judicial y el desembolso de 516 euros a la damnificada. Pero a esto, Feltri adjuntó una “nota informativa” que resultó ser falsa.
La nota fue escrita como si se tratara de material oficial y hacía hincapié en la homosexualidad del director del diario cuya propiedad le pertenece a la Conferencia Episcopal Italiana.
La Policía y la Justicia debieron aclarar que ellos no realizan prontuarios de los gustos sexuales de las personas. Esto motivó que Joseph Ratzinger expresara la “estima y gratitud” hacia Boffo, y los obispos salieran en apoyo al director de Avvenire que, desde abril pasado, pronunció criticas permanentes a las preferencias sexuales de Berlusconi.
En aquel momento, la segunda esposa del primer ministro, Verónica Lario, lo denunció públicamente por“frecuentar menores” y prostitutas de lujo .
Al respecto, y desde aquel entonces, Boffo no dejó de condenar los apetitos íntimos del cavalieri. Hoy, entre censuras, posturas moralistas y estupro, el Gobierno italiano y la Santa Sede buscan poner paños fríos y volver a acercarse a un socio nodal: mientras Berlusconi disfrutó del permanente apoyo eclesiástico a sus políticas, este respaldó las críticas sacerdotales a la ley del divorcio y el aborto y al proyecto de una ley de fecundación artificial asistida, entre otras. Miércoles 2 de Septiembre de 2009 10:55