sábado, 1 de agosto de 2009

1 de agosto


Alguien que seguramente me quiere, me envío esta bella canción de Carlos Varela; una mariposa en la palma de la mano, el brillo de los ojos de una mujer soñada, la lluvia alegre y también una huella de horror, memoria del espanto, porque en la vida hay una unidad esencial en la que se esconde el todo.



Una palabra no dice nada
y al mismo tiempo lo esconde todo
igual que el viento esconde el agua
como las flores que esconden lodo

atesoramos sueños, saberes, tiempos de furias o flores marchitas; guardamos el tesoro de los ojos que amamos, esa mirada limpia, el valor de la amistad, el beso dulce, la nostalgia infinita. Cuando era joven y aun la torpeza no había invadido mi cerebro, en los años sesenta, escribí – tenuemente lo recuerdo – una poesía que decía entre otras cosas, “siento una humedad que traspasa los vidrios de mi risa”, después vino todo lo demás la dictadura y el largo, larguísimo dolor.

Una mirada no dice nada
y al mismo tiempo lo dice todo
como la lluvia sobre tu cara
o el viejo mapa de algún tesoro
Como la lluvia sobre tu cara
o el viejo mapa de algun tesoro

De que serviría la verdad que no sea hoguera, fuerte viento, dura roca que proclame al mundo que “esto no es”, “esto no es”, “esto no es”, porque el viento esconde agua, y tu rostro me es más precioso que mi vida y tu mirada es perfumada como los jazmines que amo?

Una verdad no dice nada
y al mismo tiempo lo esconde todo
como una hoguera que no se apaga
como una piedra que nace polvo

Descubro cada día que eres para mí tan esencial como la lluvia, la tierra o el infinito cielo que no deja de sorprenderme; sé que en tu mirada soy un todo y que finalmente cuando deba cruzar hacia la otra orilla de la vida, estará tu mano pequeña y suave, mariposa mía, fuego que no se extingue.


Si un día me faltas no seré nada
y al mismo tiempo lo seré todo
porque en tus ojos están mis alas
y esta la orilla donde me ahogo



Escucho la canción en la madrugada de este 1 de agosto, en la fría ciudad de Buenos Aires; el cielo no está gris y es sábado; Benjamín el perro de la familia y los dos gatos, Jade y Tatoo entran y salen constantemente y transforman la sala en más fría y hostil, arriba mi esposa y Gopal descansan; en pocas horas volveremos a nuestros quehaceres, en medio de las palabras, cartas y libros, recordaré seguramente la ultima línea de esta canción:



Porque en tus ojos estan mis alas
y esta la orilla donde me ahogo