El titulo de este pretencioso artículo pertenece George Bataille, un extraño incendio de herrantes palabras que se extrañan de nacer a un mundo de espanto, que prevalecen sobre el mal, para no frustrar el propósito de un surrealista que de poeta y de pronográfico se graduó seguramente en el seminario católico que lideró hasta que decidió finalmente abandonar la religión católica e incluso, la fe.
En todo esto pienso mientras la voz de mi hijo Gopal me dice casi como una súplica: ¿realmente debes viajar? ¿Quién te acompañará?
El comprende que mi salud está deteriorada, la fatiga ya es una constante; como el lenguaje de los vacilantes, doy muestras de muchas fisuras estructurales a nivel de esquema corporal.
No tengo muchas respuestas convincentes, trato de sobrevolar una cierta displecencia capaz de llevarle tranqulidad.
Ciertamente mi Gopal debe temer a la idea de la muerte; hijo único, sin familia que lo respalde; debe sentir una sensación de abandono a la menor flaqueza corporal de sus padres.
Quisiera decirle que sobrevivir a un padre, no es deslealtad, sino más bien fidelidad a la sed de infinito que, inconcientemente anida en cada hombre cuando sabe que su esposa quedó embarazada. Por supuesto no descarto que el temor de mi hijo es, de una sensatez ejemplar; despues de todo, debo decirle a Gopal que la muerte ser muy dulce y hermosa, como una oración (Chavela Vargas).
Pero no me atrevo, demasiada irreverencia para un preadolescente de 14 años; y los eruditos precatolicos como Teófilo de Antioquía, Irineo de Lion, Tertuliano, Clemente de Alejandría o los Padres Capadocios, no son adecuados para darle una cierta efímera certeza sobre dogmas religiosos; hipótesis de un discurso ideológico que por la gracia del buen Dios, a él, no le preocupa, absorto entre tanto conocimiento científico y tecnologia que se proyecta al futuro y es una esperanza incierta de una inevitable primavera.
¿Acaso queda la posibilidad irreductible de abrazarlo y decirle que me prolongo en su sonrisa, en sus sueños y futuro? Seguramente la vida como escribe Blok, se parece a esa mujer que " pasa de largo, perseguida por el viento y abrazada por el sol."
No te preocupes hijo mío, sobreviví al duro día oscuro de la dictadura militar; a la mirada cínica de ciertos jueces, al silencio complice de los mediadores "entre dios y los hombres" y, finalmente, no dudes que regresaré para abrazarte y estar contigo y escuchar el atroz relato de esa historia digital que encontraste en la red llamada " Valle de la calma" y que con tanta persistencia pretendes que la leamos tu madre y yo.
Regreso a Blok, "es tan claro el camino que hasta causa dolor."